martes, 29 de enero de 2013

Salvajes



"Ya van 3 días y no ha vuelto a suceder nada. Las paredes son lisas y nada cambia.Todo ha pasado.Todo es normal. No se si es bueno o si es malo, pero a riesgo de sonar paranoico, juraría que algo ha cambiado."

- Esto fue lo último que os dije. Ojala me hubiera equivocado.

Tras lo ocurrido en el baño (llamémoslo el incidente) las cosas por fin parecían calmarse. Una vez desaparecidas las grietas, decidí sorprender a Saray con una cena sorpresa. Ya era hora de pedirle disculpas. Ya era hora de disfrutar de nuestro nuevo hogar.

Me dedique en cuerpo y alma para que no se me quemase la pasta xD, encontrar la salsa perfecta y picar personalmente la carne (no era gran cosa, pero los macarrones a la boloñesa siempre fueron sus favoritos).
Quería que todo fuese perfecto. Que se llevase una buena sorpresa para expresarle mis mas sinceras disculpas.

Curiosamente, no fue ella quien se sorprendió...

Cuando llego a casa y descubrió la gran cena, se abalanzo sobre mi como enloquecida. Las disculpas resultaron innecesarias. Imagine que las velas, el champan y el incienso me allanarían un poco el camino, pero aquello resultaba increíble.

Ya con su primer beso percibí una pasión explosiva, inexistente hasta la fecha. Si, disfrutábamos de una vida sexual plena, pero aquello fue muy distinto.
Cuando me quise dar cuenta ya estábamos en el dormitorio y para lo que allí dentro paso, me temo ya no existen palabras.

Rabia, odio, amor y dolor se mezclaron en uno solo.
Fue el mejor sexo que he practicado en mi vida, el mayor orgasmo que he deseado tener. ¡DIOS! La noche con la que espero soñar de aquí en adelante el resto de cada día. Pero aun así, pese a todo ello, algo me mantenía inquieto. 
¿Porque no disfrutaba del todo? ¡Me jodía! ¡No lograba entenderlo!

A la mañana siguiente el camino al trabajo se me hizo eterno. Algo había cambiado en el aire. Con diferencia era mucho mas denso y el olor, ligeramente mas fuerte. 
La tos me acompañó todo el rato hasta llegar a la guardería. Una vez dentro la cosa solo empeoró.

Los padres y madres de la mayoría de niñ@s no dejaba de quejarse a Susana (mi jefa). Que si tal pelea, que si tirones de pelo... Nada de lo que decían tenía sentido. Durante los pocos meses que llevaba yo allí no había visto nada de eso, los niños y niñas se llevaban bien, todo era perfecto. Aun así allí estaban quejandose. Criticaban a l@s monitores/as de no realizar bien su trabajo y por desgracia, yo soy uno de ellos.

Cuando llegaron el resto de niñ@s y empecé mi turno, Susana me repitió (pero en un tono todavía mayor) todas y cada una de las cosas por las que las familias se le habían quejado. Pese a no entender nada dije que lo sentía y que intentaría arreglarlo todo (cualquier cosa antes de perder el piso). Del resto del turno mejor ya ni os hablo. Solo mencionar que la mayoría de niñ@s parecían estar drogad@s.

De vuelta a casa pensaba en lo sucedido: El sexo desenfrenado, las madres sobre alteradas, l@s niñ@s y también Susana. Todos parecían eléctricos, sobre excitados. Entonces el Televisor de un escaparate me dejó perplejo. Sangre, tortura, canivalismo... ¿Habían todos perdido el juicio? Conocía a la presentadora del noticero pero los contenidos de este jamás habían sido así. No se cuanto tiempo me detube junto a la tienda ni lo cerca que estaba de la carretera, solo se que de pronto todo se volvió negro.

Os escribo esta pesadilla desde una sala de urgencias. Por lo que me han contado un conductor borracho se estrello con a una farola y esta me cayo encima y dejó inconsciente. Me han ingresado y estoy a la espera de radiografías, pero lo único por lo que yo temo... es porque enciendan mi Televisor.

Radiografías



 A excepción de una colección de moratones y tener ambas muñecas abiertas, solo tuvieron que operarme un dedo.